
POR MIGUEL URBÁN /
Entrevista con Laura Camargo Fernández, doctora en Filología Hispánica, catedrática Universidad de las Islas Balears y autora del libro ‘Trumpismo discursivo. Origen y expansión del discurso de la ola reaccionaria global’ (Editorial Verbum, 2024).
La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE.UU. en noviembre de 2024 fue clara y tomó desprevenidos a muchos observadores que esperaban una victoria de Kamala Harris o al menos un resultado más reñido, demostrándose, una vez más, la disociación que existe entre el establishment mediático de opinadores y el voto de un electorado cada vez más cabreado.
Trump conseguía ganar nuevamente una elección presidencial, convirtiéndose en el segundo presidente de la historia de EE UU desde 1892 que consigue la reelección tras haber perdido previamente. Además, a diferencia del 2016, se impuso en el voto popular, una situación que no se producía desde hacía más de veinte años en las filas republicanas.
Uno de los elementos claves del éxito de Trump ha sido su capacidad de presentarse como un no político, como un empresario triunfador, un gestor, reflejo de las aspiraciones sociales del norteamericano medio. Su imagen ajena a lo políticamente correcto ha sido uno de los elementos clave para poder presentarse como un outsider del establishment partidocrático norteamericano, atrayendo y movilizando un voto de protesta transversal entre las clases populares y medias, fundamentalmente blancas.
De hecho, sobre la capacidad para amplificar el lenguaje de protesta se asienta parte del éxito de la extrema derecha y, especialmente, de Trump. Un modelo comunicativo que la sociolingüista y miembro del Consejo Asesor de Viento Sur Laura Camargo Fernández ha denominado “trumpismo discursivo” y que desarrolla ampliamente en su más reciente trabajo bibliográfico que se detiene en el análisis del origen y expansión del discurso de la ola reaccionaria global. En él Camargo ofrece un análisis exhaustivo del estilo comunicativo de la extrema derecha contemporánea, con especial atención a la figura de Donald Trump. Todo ello desde un repaso desde los discursos fascistas de la primera mitad del siglo XX hasta las estrategias comunicativas actuales en la era digital.
Para hablar de ello, hemos entrevistado a Laura Camargo con la intención de desgranar los puntos más interesantes de su nuevo libro y animar a leerlo porque es una herramienta imprescindible para comprender el momento político en el que nos encontramos.

Yo quería empezar con una pregunta directa al grano. ¿A qué te refieres, Laura, cuando hablas de «trumpismo discursivo»?
Precisamente, «trumpismo discursivo» es una etiqueta que creé para este libro [1], pero sobre todo para definir el estilo comunicativo de la ola reaccionaria global, en la cual, evidentemente, la forma de hablar y de comunicar la política de Donald Trump ha jugado un papel clave. No solamente durante su primera campaña electoral, la de 2016, sino durante todo su primer mandato. De hecho, muchas de las estrategias que utiliza son de interés no solo para el caso de EE UU, sino también para todas las fuerzas de la ultraderecha a nivel global. Unas estrategias que están siendo copiadas por los diferentes líderes de esta internacional reaccionaria.
Por lo tanto, en resumen, es la forma de comunicar la política de la ola reaccionaria global, en la cual el papel de Donald Trump ha sido y sigue siendo fundamental.
¿Y qué innovaciones incorpora Donald Trump en relación, por ejemplo, al movimiento neoconservador norteamericano de los halcones de Bush o el mismo Tea Party?
La verdad es que hay algunas semejanzas que se pueden destacar. El ultranacionalismo y el discurso supremacista de EE UU como una potencia indispensable en el panorama internacional. Esto es algo que salta a la vista en el propio discurso que podemos recordar de estos halcones, como Paul Wolfowitz, Dick Cheney o, especialmente, de uno de los principales responsables de la invasión de Irak, Donald Rumsfeld.
Efectivamente, creo que las diferencias se centran en el hecho de que, en el caso de Trump, esta proyección militar global y este supremacismo hacia el exterior están discursivamente más centrados en las medidas proteccionistas. En cuanto a la política exterior, ahora estamos viendo a un Trump muy agresivo, un nuevo Trump muy amenazador que se está comportando con un discurso cercano al matonismo, pero que anteriormente había apuntado más hacia medidas que siguen siendo importantes, como el repliegue identitario, el aislacionismo o la autarquía. Por lo tanto, hay una diferencia en este sentido.
Además, creo que se diferencian sobre todo en la retórica más populista de Trump frente a la más elitista, podríamos decir incluso cercana al establishment que tanto critica de los halcones. Trump, como sabemos, tiene esta forma de comunicar, de charlatán televisivo, que le hace aparecer como un estadounidense común mientras se opone a las élites globalistas. Y, de alguna manera, los halcones podrían formar hoy parte de eso que Trump critica como miembros del establishment.
Hay un hilo conductor en esto que es John Bolton, quien fue uno de los secretarios de seguridad en la primera legislatura de Trump, que pertenecía también a este grupo similar al de los halcones y que ahora mismo ha sido despedido por Trump. De hecho, hace unos días le han retirado incluso la protección y las escoltas que tenía asignadas por el gobierno. Entonces, ¿por qué se produce esta ruptura? Porque Trump está mucho más obsesionado con los enemigos internos, ahora mismo, seguramente, que con esta amenaza exterior en la que se habían centrado sobre todo los halcones del gobierno de Bush.
Me gustaría que comentaras, además de beber un poco del precedente de ese neoconservadurismo norteamericano, evidentemente con las rupturas que mencionas, ¿de qué otras fuentes podríamos decir que bebe este «trumpismo discursivo»?
Bueno, sobre todo bebe del discurso populista que ha utilizado la extrema derecha y que, en cierta medida, también hemos visto cuando, por ejemplo, en el capítulo dos del libro analizo el discurso del fascismo de entreguerras. Hay una retórica en la que destaca la contraposición entre el pueblo y las élites, una contraposición que está en la base fundamental de la retórica populista. Pero también podemos destacar otros elementos, como la configuración de una situación de crisis muy fuerte, en la que es necesario un líder carismático para salvar la situación.
Los elementos prevalentes son la idea de un lenguaje muy simplificador, polarizador, ofensivo, insultante y, en el caso de Trump, incluso vulgar, dirigido contra los llamados enemigos del pueblo. Por lo tanto, hay elementos que se pueden rastrear en el discurso del fascismo de entreguerras, pero la línea común es el discurso populista, que no solo resuena de estos líderes, sino que ahora mismo está siendo utilizado sobre todo por las fuerzas de la extrema derecha.
Si me tuvieras que señalar tres grandes rasgos del «trumpismo discursivo», ¿cuáles serían?
No es fácil elegir solo tres, pero diría que la agresividad verbal es uno de ellos. Por supuesto, los bulos serían el segundo, dentro de los cuales podemos encontrar diferentes formas de ser agresivo y diversas maneras de utilizar lo que llamamos las fake news. Y, finalmente, este pretendido discurso anti-establishment, que creo que están utilizando todas las fuerzas de la extrema derecha, y en el caso de Trump ha sido fundamental, siendo un eje clave la contraposición con las élites, cuando, obviamente, tanto Trump como su equipo de oligarcas tecnológicos pertenecen, como no puede ser de otra manera, a las élites del capitalismo estadounidense. Por lo tanto, estos tres ejes —agresividad verbal, utilización de mentiras y el pretendido discurso antiestablishment— son tres aspectos clave que podemos destacar, aunque no es fácil decidir.
A lo largo de estos años, hemos visto cómo el «trumpismo discursivo» no solo ha colonizado a la extrema derecha internacional, sino también a la derecha de la democracia cristiana, que está adoptando ese modelo discursivo. Me gustaría que profundizaras sobre esta idea que desarrollas en tu libro.
Este es uno de los principales elementos con los que nos estamos encontrando y que ha sido definido como un proceso de radicalización de las derechas, que no solo afecta a la derecha democristiana, sino a toda la derecha. Existe un efecto de arrastre, por el cual el discurso más tecnocrático, frío y centrado en cifras que vimos en la derecha —y que hemos observado también en el Estado español, donde la derecha intentó jugar durante un tiempo a una especie de parábola del centramiento, que ahora se ha demostrado en disputa— ha sido desplazado por un discurso más radical.
Este proceso de radicalización afecta a la derecha en su competición por un espacio político disputado por la extrema derecha. Esto ha llevado a que, discursivamente, veamos, por ejemplo, a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, como uno de los mejores ejemplos del trumpismo dentro de las fronteras del Estado español, utilizando estrategias muy similares. Esto no solo se ve aquí, también lo estamos observando ahora en la campaña de las elecciones alemanas, y se ha visto en el hecho de que la derecha estadounidense, es decir, el Partido Demócrata, aunque no se haya sumado al estilo abrasivo y matonista de Trump, no ha sabido ni ha podido diferenciarse políticamente de él. Creo que esto fue también una de las claves de la derrota del proyecto de Kamala Harris.
Por lo tanto, estamos viendo este proceso de radicalización no solo en cuanto a la ideología, sino también en el discurso de las derechas en esta competición, que no es virtuosa, sino todo lo contrario, que mantienen con la ultraderecha.
Y si tuvieras que buscar un antecedente del «trumpismo discursivo» en el Estado español, ¿cuál sería?
El gran antecedente no es español, sino italiano, y es Silvio Berlusconi. Creo que estamos, y esto es algo que tú mismo has señalado en ocasiones, en un punto en el que Berlusconi marcó el camino y apuntó en la dirección de lo que luego veríamos en muchos de estos líderes, especialmente en Trump. La conexión con los medios de comunicación, el hecho de ser personas que han tenido problemas con la justicia, el trato cercano y coloquial con las personas a las que quieren influir, y, finalmente, el trato profundamente agresivo y aniquilador con sus rivales políticos.
Aquí, Berlusconi es el gran antecedente, quien marcó el camino para el trumpismo discursivo. En el Estado español, según preguntabas, hay dos figuras que podrían tener algo que ver como antecedentes de todo esto: Jesús Gil y Ruiz Mateos. Jesús Gil, ligado a los negocios inmobiliarios, al urbanismo, con diversos problemas con la justicia, y Ruiz Mateos, con un perfil muy similar. Ambos son ejemplos de la coloquialización del discurso, con una finalidad manipuladora, y de ser, como digo, abrasivos y profundamente agresivos con aquellos a quienes quieren eliminar, aunque sea verbalmente. Así que, en resumen, el gran antecedente es Berlusconi, y en España, Gil y Ruiz Mateos.
Para ir terminando, me gustaría que nos recomendaras un libro, además del tuyo, por supuesto, sobre el que pudiéramos ahondar un poco más en las dinámicas de ese trumpismo discursivo.
¿Relacionado con este tema? Sí, con el trumpismo discursivo. Bueno, ahora mismo, relacionado con alguno de los puntos que trato ahí, estoy acabando de leer Las redes son nuestras, de Marta G. Franco, que creo que plantea una propuesta interesante relacionada con uno de los temas del momento. Y es qué hacemos con las redes, en cuáles nos quedamos, qué hacemos con X y qué hacemos con este gran altavoz que ahora mismo son las redes sociales para la extrema derecha, y cómo podemos construir nuestras propias redes. Y, bueno, pues también el debate, ¿no?, de si lo que realmente hace falta, como mi propio libro plantea, son más activistas sociales y menos community managers.
¿Y un documental?
Documental… Bueno, como el libro también incluye una referencia muy fuerte y constante sobre lo que significa hoy el genocidio en Gaza, hay un documental en Filmin que me ha parecido muy interesante sobre la ultraderecha israelí, que se llama Expediente Netanyahu. Claro, no tiene exactamente que ver con la cuestión del trumpismo discursivo, pero me parece muy bueno también para ver cómo estas figuras de la ultraderecha utilizan cuestiones terribles, como el genocidio, que pensábamos que no íbamos a ver ya, para tapar sus propios problemas con la justicia. Expediente Netanyahu recoge muy bien todo esto.
Luego hay uno que sí tiene que ver mucho con el libro, que se llama The Brink (traducido como El gran manipulador), que es un documental sobre Steve Bannon y sobre la primera campaña de Trump del año 2016. A mí me parece que, como documento para entender mejor la influencia de Bannon, no solo en la ola reaccionaria estadounidense, sino también en todo lo que intentó hacer con The Movement a posteriori, es un documental más que recomendable.
Y para finalizar, ¿una película?
¿Una película…? Mira, hace muy poco, estos últimos días, muy relacionada con el tema, he visto The Apprentice. The Apprentice es la película que habla justamente de la etapa en la que Trump era jovencito, cuando estaba empezando con los negocios inmobiliarios de su familia, cuando se casa con Ivanka y cuando, posteriormente, se convierte en el presentador de este programa de telerrealidad. Este es el momento en el que, yo creo, y es una de las hipótesis del libro, él toma buena parte de lo que va a ser luego el estilo comunicativo, digamos, único de Donald Trump.
Plantea muy bien la influencia que tiene un abogado joven, además gay, en esa época, en su forma de plantear la política y de plantear el discurso, ¿no?, en el cual atacar, atacar, atacar es uno de los rasgos fundamentales; negarlo todo es otro, es decir, incurrir en la mentira siempre que eso sea necesario, y después rodearse de gente que le diga “sí” a todo. Entonces, creo que estos tres factores que aparecen en The Apprentice hoy día se están demostrando realmente influyentes.
Nota
[1] No obstante, la autora ya había usado esa misma etiqueta en dos artículos previos. El primero en 2022, publicado precisamente en Viento Sur, 180, bajo el título “El trumpismo discursivo en el Partido Popular”, y el segundo de 2023, titulado “Tras las huellas del trumpismo discursivo en tres políticas españolas” (capítulo del libro El discurso como herramienta de control social, editado por Peter Lang).
Viento Sur, España.