Treinta días de huelga y la lucha continúa

POR JOSÉ ARNULFO BAYONA*

Esta semana se cumplen treinta días de la huelga general que, desde el pasado 28 de abril, adelanta el pueblo colombiano liderado por las mujeres y las juventudes rebeldes, en contra del gobierno Uribe-Duque, sus políticas neoliberales, anti sociales, antidemocráticas y corruptas, que solo han traído, desempleo, hambre, pobreza, miseria, saqueo del erario, violencia en campos y ciudades y represión de los brutales escuadrones del Ejército y del ESMAD a la inmensa mayoría de la población, especialmente de la juventud que ha sido despojada  de su futuro en estos casi cinco lustros de hegemonía del régimen uribista al servicio de intereses y privilegios de  poderosos gremios económicos y  el gran capital extranjero. 

En esta esta huelga de largo aliento, hemos  vivido la extraordinaria experiencia  de miles (7000 según el gobierno) de jornadas de movilización en más de 800 poblaciones, municipios y ciudades, que  en tumultuosas oleadas, procedentes de barrios y veredas,  se atiborran en calles y avenidas, desarrollan asambleas populares, organizan sitio de resistencia, acompañan  los bloqueos organizados por  los trabajadores del volante – camioneros y taxistas – que se sumaron el paro; hombres, madres y niños, que participan de  la lucha a su manera, hacen convites para  proveer de agua y alimentos a los y las jóvenes  de la primera línea que enfrentan las  ofensivas represivas  de la fuerza pública; en esta huelga de masas se involucran familias enteras, que conforman las multitudes dispuestas  a expresar su rebeldía y a participar en las movilizaciones y la lucha.

Se trata de ejercicio político alternativo, de deliberación pública y de democracia en las calles. También desarrollan nuevas formas de organización; en el país se han conformado “centenares de espacios de encuentro y autoorganización, definidos como los sitios de resistencia. Cali, la ciudad emblemática en esta contienda, es motivo de admiración y solidaridad en el país e internacionalmente, con veinticinco puntos que concurren como Unión de Resistencias, entre los que se distinguen Siloé, Puerto Resistencia y Loma de la Dignidad. Así mismo, Bogotá ha hecho del Portal de Las Américas el Portal de la Resistencia, existiendo, además, una malla barrial, universitaria, de comités y asambleas” (Ricardo Sánchez en: El esplendor de la rebeldía). Espacios de discusión y aprobación de acciones y tareas para activar y organizar la movilización, mantener la huelga y proteger la resistencia. No reciben órdenes de arriba, no cuentan con direcciones de cúpulas, constituyen su propia coordinación y su dirección colectiva.

La resistencia adquirió su mayor expresión simbólica en los escudos hechizos de hojalata, utilizados por la  llamada  primera línea organizada  e integrada por jóvenes y madres  que, armados de valor y de piedras, resisten y protegen, en lucha desigual, las marchas y los puntos de resistencia de las brutales   arremetidas de los escuadrones policiales de la muerte, llamados ESMAD, que golpean inmisericordes, disparan gases pimienta, disparan armas de  supuesta baja letalidad,  disparan sus revólveres y hasta ametrallan con armas de largo alcance a los manifestantes. Pero, no logran impedir el asesinato de decenas de hombres y mujeres, principalmente jóvenes e infantes, de la huelga, la mutilación de uno o sus dos ojos, el abuso sexual y violación decenas de mujeres jóvenes y niñas inocentes, miles de heridos y desaparecidos y miles de detenidos/as y torturados. Esta ha sido, hasta ahora, la dolorosa cuota pagada por ejercer el derecho a rebelarse contra la injusticia y el no futuro. Un verdadero genocidio cometido por agentes, cuyos salarios son pagados con los impuestos que pagan los pobres, porque los ricos no tributan al fisco, lo saquean. En ese festín de la muerte son acompañados por “Ciudadanos de bien” que, vestidos de blanco, disparan sus armas desde sus camionetas blancas de alta gama, contra la población desarmada y en protesta pacífica.

Es el terrorismo de Estado y paramilitar que siembra el pánico y la muerte entre la población movilizada o en operativos nocturnos en los barrios populares y los puntos de resistencia, en ejecución de la guerra declarada al paro, por orden de Uribe y su subpresidente Duque, para sofocar por la vía  del uso extralimitado de la fuerza el ejercicio del derecho humano a rebelarse contra la situación de pobreza, injusticia y desesperación a la que ha llevado el gobierno de Uribe, en cuerpo ajeno, a las mayorías del pueblo colombiano. Hay que denunciar que las minorías oligárquicas han adoptado la teoría del enemigo interno que les ha vendido Álvaro Uribe para justificar el genocidio continuado, planeado y ejecutado a lo largo de más de 20 años de su mandato criminal.

Los medios de comunicación masiva, que se nutren de las millonarias pautas pagadas por el gobierno, callan o minimizan los crímenes de lesa humanidad producto del uso autorizado de las armas disparadas indiscriminadamente contra las multitudes rebeldes. Pero esta vez, la verdad y la justicia salieron a la luz pública a través de las redes sociales y algunos medios internacionales que denunciaron ante la comunidad del mundo mundial, las atrocidades cometidas por el terror desatado por el gobierno y propiciaron que, de todos los rincones del planeta, salieran voces de solidaridad con la justa huelga y de condena a las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas al servicio de este gobierno opresor.

Pese a la ofensiva del gobierno y la brutalidad de su fuerza armada policial, militar y paramilitar contra la huelga general, esta, no solo se mantiene, sino que se ha fortalecido, gracias a la justeza de sus objetivos, la radicalidad del pueblo movilizado y la amplia solidaridad nacional y de los pueblos del mundo. También por la incapacidad y torpeza del gobierno que se negó a propiciar una salida mediante la negociación y la renuncia a la criminalización de la protesta y el consiguiente retiro de la fuerza bruta a sus cuarteles y sus mansiones.

La fortaleza y la contundencia de la huelga,  la crisis  del pacto de gobernabilidad, mas la condena de la comunidad internacional a la sistemática y masiva violación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, sumada su ostensible ineptitud, arrinconaron al gobierno y lo pusieron en situación de debilidad tal, que se vio obligado a retirar su regresivo proyecto de reforma tributaria y aceptar que el Proyecto de ley 010 de contrarreforma a la salud fuera archivado en el Congreso. Acto seguido, se produjo la caída del Ministro de Hacienda y la canciller Claudia Blum; logros indiscutibles de la huelga de masas en ascenso, que no fueron objeto de negociación, sino producto de la movilización. El gobierno, su pandilla y sus medios esperaban que el paro fuera levantado. No obstante, la lucha continuó y de esta manera notificó al gobierno y sus aliados de que las causas de la rebelión tienen raíces más profundas.

Es la lucha contra la injusticia, contra el hambre y por el pan, contra la guerra y por la paz, contra la corrupción política y administrativa y por la redistribución equitativa la riqueza, contra el fraude electoral y por elecciones  limpias, contra la pobreza y la miseria, contra el genocidio y por el castigo a los autores reales de crímenes de lesa humanidad, por los derechos de la madre tierra y contra el fracking y las fumigaciones con glifosato, por la recuperación de los derechos laborales, el empleo digno, productivo y formal, por la reforma agraria y los derechos  de campesinos y trabajadores del campo, contra la mercantilización de la salud y por salud gratuita y universal, por educación gratuita desde el prescolar hasta la universidad, por el cese al exterminio de nuestras hermanos de las comunidades indígenas y la defensa de sus territorios, por los derechos de las comunidades afro-colombianas y contra el racismo, contra el feminicidio y por la igualdad de derechos de las mujeres y la comunidad LGTBI. Todas estas consignas vienen siendo agitadas por las multitudes movilizadas, que, aunque no sean conscientes de sus alcances, constituyen un programa político alternativo de lucha por radicales transformaciones democráticas del estado y la sociedad en su conjunto. 

Es, sin duda, saludable que el Comando Nacional de Paro, parado en la raya, durante nueve días de dilatorias conversaciones para crear condiciones de negociación del pliego de emergencia, finalmente, haya logrado un acuerdo que  parte de establecer “un marco general sobre las garantías para el ejercicio de la protesta”, como primer paso para  “la instalación y el inicio de las negociaciones  del pliego de emergencia… de los procesos de negociaciones sectoriales y regionales con los comités de paro, y que se espera “facilite la negociación con otros sectores movilizados de la juventud y la ciudadanía” (Comunicado nacional de Paro, 24 de mayo). Se debe entender como el compromiso y la exigencia de parar la masacre, castigar a los responsables del genocidio y reconocer el derecho ciudadano legítimo de la protesta social y abandonar la doctrina fascista que califica la huelga y sus promotores como enemigos internos. Tal es la expectativa positiva del pueblo movilizado y en lucha.

No obstante, frente a un gobierno caracterizado por incumplir acuerdos y mentir, calumniar y dilatar, no se le puede dar confianza, ni creer hasta no ver concretados los acuerdos que llegaren a pactarse. Por ejemplo, el retiro de la reforma tributaria debe contar con el compromiso y la garantía gubernamental de no presentar un nuevo proyecto de reforma que grave los ingresos, los salarios y la comida de los pobres y de las clases medias, el retiro del proyecto 010, debe ser acompañado de la garantía de no presentar un nuevo proyecto de contrarreforma a la salud y en contravía de la Ley Estatutaria de la salud. La matrícula cero en las universidades públicas no debe quedarse como garantía para los ya ingresados a partir del segundo semestre, sino que debe ser consagrado como derecho universal para todos los egresados y egresadas de sus estudios secundarios.

Estos tres logros, valga la pena repetirlo, son duros golpes al modelo neoliberal y las exigencias de ajuste fiscal del FMI, al empresariado y los bancos que tendrán que renunciar a las dádivas otorgadas por el gobierno en la reforma de 2019, a las calificadoras de alto riesgo al servicio de la inversión extranjera, a las zonas francas que deberán ser desprovistas de las exenciones tributarias, a las EPS que sueñan con profundizar el jugoso negocio privado de la salud y precarizar los salarios de los trabajadores del sector. Pero, hay que decirlo enfáticamente, no están derrotados, aún no podemos cantar victoria.

No estamos frente a un gobierno de fiar, la huelga ha sido masiva y sostenida, de resistencia a las ofensivas políticas y represoras del gobierno, es necesario acompañar la negociación con el pueblo movilizado y alerta frente a cualquier evento. La Colombia rebelde ha seguido agitando consignas de unidad y de exigencia de la renuncia del gobierno Uribe – Duque y su pandilla de cómplices, al “Duque Chao, Duque chao, chao, chao”, le han agregado la consigna que acompaña el debate sobre la moción de censura al ministro de Defensa: “ministro Molano, te tendrás que ir con el marrano”; consignas que expresan el sentimiento generalizado de rechazo a la mafia gobernante.

*Miembro de la Red Socialista de Colombia.

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