Capitalismo libidinal

POR SERGIO PERALTA

«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos».

– Eduardo Galeano 

No recuerdo quién me sugirió la visita a una página de internet con el nombre Filosofía Pirata, pero el solo nombre me invitó a cliquear el nombre en mi buscador y así dar con el trabajo del filósofo español Amador Fernández-Savater. Con su correo electrónico en mi poder le escribí un pequeño texto haciendo referencia al contenido de la página y el interés en publicar, con su autorización algunos artículos en la página de esferacomunicacional.ar y le dejé mis datos de contacto.

A los pocos días recibí un wasap con el prefijo +34 de España, para mi sorpresa era Amador que me invitaba a seguir por ese medio una comunicación más fluida. Hay pendientes algunas cosas en conjunto con este notable pensador español, pero, a partir de su sugerencia leí el libro ‘Capitalismo libidinal’ (NED Ediciones) que ya está disponible en librerías de Argentina.

Frente a la crisis política que vive, en general, buena parte del planeta y en particular Argentina, es bueno celebrar la aparición de materiales que puedan aportar conceptos a la discusión y construcción de alternativas de reconstrucción del tejido social. Este libro ‘Capitalismo libidinal’, es un ejemplo.

Amador Fernández-Savater

En el prólogo, Savater, hace referencia a Jean François Lyotard, filósofo francés que es reconocido por su estudio del impacto de la posmodernidad en la condición humana y a su libro ‘Economía libidinal’. Dice: “Nos enseña la distinción entre los signos y las intensidades: lo que se dice y lo que pasa, el nivel de la información y el nivel de la fuerza. Nuestro oído, hipersemiotizado, registra (¡ y se cree!) las retóricas, las declaraciones, las gesticulaciones, pero deja escapar loa funcionamientos, las acciones y los movimientos que se deslizan ‘por debajo’. Es un oído incauto, que fetichiza los signos, cree en lo que se dice y se muestra, toma las cosas al pie de la letra. Pero no basta hablar de algo para que exista. Y al revés, hay existencias imperceptibles, sin nombre, sin término de referencia, sin etiqueta”.

 Savater, ahonda en el concepto y escribe “Capitalismo libidinal”, al que define como un monstruo, un centauro divido entre una pulsión de conservación, de estabilización, de normalización y una pulsión desquiciada de conquista, de pillaje y de saqueo. Un régimen dual, la promesa y el veneno, la productividad y la destrucción, el bienestar y la guerra, atravesando cada institución y cada dispositivo, cada objeto de consumo y a cada uno de nosotros.

Nos interpela cuando nos pregunta ¿cómo se habla con un escorpión?, pregunta esta válida cuando vemos los resultados de la represión en la marcha de los jubilados en Buenos Aires y las respuestas, que desde el Ministerio de Seguridad de la Argentina se esgrimen como una daga que hiere profundamente en el corazón de los viejos.

Pensar en una salvación que produzca un cambio fundamental en nuestro nombre, pero sin nuestra participación es una ilusión, es necesario involucrarse ante la defección de buena parte de la dirigencia política, la presencia de organizaciones sociales, acompañando al reclamo de los miércoles a los jubilados, es un claro ejemplo de la realidad argentina hoy.

En sus primeras páginas, se menciona a Roland Barthes para intentar definir con claridad al neoliberalismo, el francés dice: es el régimen del demasiado (o del no bastante). Una insatisfacción permanente con todo, por no ser nunca suficiente, que se “llena” (sin llenarse nunca) con un atracón de pseudocompensaciones… en una carrera loca hacia ninguna parte. El malestar se expresa en el cuerpo: agobiado, agotado, deprimido, medicado, roto.

En una charla con el filósofo francés Christian Laval y el sociólogo Pierre Dardot se establece una pregunta que rige la charla: ¿en qué consiste el neoliberalismo? Entre los muchos conceptos, Dardot dice: el neoliberalismo es mucho más que un tipo de capitalismo. Es una forma de sociedad e, incluso, una forma de existencia. Lo que pone en juego es nuestra manera de vivir, las relaciones con los otros y la mera en que nos representamos a nosotros mismos.

“La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”, decía Margaret Thatcher.

Savater nos pregunta, ¿cómo hemos perdido el presente? Y dice que la explicación hay que buscarla en la expansión del dinero como mediación de toda relación social, la mercantilización generalizada. Nos vuelve a interpelar cuando dice: “Pensemos en lo que representa la llamada ‘economía colaborativa’, Uber o Airbnb. Es la extensión de la racionalidad instrumental en ámbitos y espacios donde no había penetrado: a partir de ahora un cuarto vacío en una casa o un asiento libre en el coche serían vistos como ‘ocasiones de negocio’ aprovechadas o perdidas”.

Aún con la pérdida de centralidad y seguridad del trabajo como elemento rector, organizador de nuestras vidas, todo se ha vuelto trabajo: una fiesta es la posibilidad de hacer contactos, estar en las redes nos hace visibles; nuestras destrezas, capacidades y saberes son “capital humano” que se debe cuidar y gestionar. Somos a la vez el producto, el productor y el vendedor del producto. Cada cual es su propia empresa.

Es una constante en el libro la referencia, el remitir al concepto de felicidad, de deseo; citando a una propuesta de Pier Paolo Pasolini en su idea de que la disputa, en el conflictivo mundo político es fundamentalmente antropológica, dice: “Una fuerza política no es nada (no tiene ninguna fuerza) si no arraiga en un mundo que rivalice con el dominante en términos de formas de vida deseables”.

En una mirada que se remite hacia el pasado, la actualidad del concepto hace que tenga una vigencia que apabulla: propone que los “hombres políticos” y en esa definición incluye a los militantes de vanguardia, teóricos críticos, dirigentes de partidos, miren al poder estatal como el lugar privilegiado para la transformación social. Pasolini advertía que el capitalismo avanzaba en una “homologación cultural”, arruinando otros mundos, el de los trabajadores rurales, los obreros en general, contagiado la euforia del mundo del consumo. En su momento, usando como arma fundamental a la televisión, la publicidad, la información que se propaga horizontalmente.

Insiste en la apuesta a la felicidad, esa felicidad subversiva, que se opone al mandato del rendimiento, ese que lleva del aburrimiento al agobio, a la obligación de autosuperación como malestar de época.

Savater señala: “Ayer, contra la represión, se ensayaba la liberación. Hoy, contra la presión, se practica la deserción”.

Son muchos pensadores, los que visitan el libro, desde Max Weber, pasando por Herbert Marcuse los citados Christian Laval y Pierre Dardot, Jean-Françoise Lyotard y Franco Berardi.

Hago una parada en los autores para señalar la charla con el investigador y escritor argentino Diego Sztulwark, con quien Savater mantiene una charla, fértil en conceptos y que nos ayuda a sumar conceptos.

Cuando habla de la “nueva derecha”, Sztulwark dice que, en fenómenos como Bolsonaro, Trump, Le Pen o Vox aparece un rasgo en común que resulta definitorio: el aspecto “securitista”, entendiendo este como el esfuerzo agresivo tendiente a la defensa de un privilegio o supremacía, sea esta social, racial, nacional, sexual, propietaria que se percibe como amenazada, ya sea por la profundidad de la crisis o por la fragilidad de las estructuras que se sostiene. Es una reacción paranoica, obsesionada por fantasmas (el comunismo) y con una decisión activa a proteger lo que se cree en peligro.

Es para destacar la descripción del investigador argentino cuando se refiere al uso anacrónico del lenguaje propio de la Guerra Fría: la figura del marxismo cultural se filtra en los pliegues de la comunicación haciéndose carne en la sociedad. Para entender la viralización de este discurso, dice: “Hay cierta lucidez alucinada de una derecha paranoica y ultrasensible a la crisis (crisis más pandemia más guerras). Esta sensibilidad y paranoia del propietario llevan al acto agresivo anticipatorio. Es decir, la derecha imagina preventivamente un enemigo y proyecta contra él maniobras bélicas. Dice que a este delirio se lo debe tener muy presente y propone que no hay capitalismo sin presentimiento de comunismo”.

Haciendo referencia a la crisis de la política en Argentina describe como un frente que se organizó para evitar un nuevo gobierno de Mauricio Macri, no pudo garantizar un límite a la caída de los salarios, producto de la crisis del momento y fue derrota en 2019 incluso en los lugares donde gobernaba. Con una expresión muy clara dice: “La crisis acorta tiempos, desgasta las alianzas políticas, acelera definiciones y en el fondo, pide algo más que unidad contra el enemigo histórico”.

Milei y su anarcocapitalismo

Como una interpelación que toca al mundo de la comunicación Sztulwark cita a Pablo Fernández cuando dice: “Cada generación se politiza en una plataforma que la expresa, la actual lo hace vía TikTok. Y TikTok es ritmo. Milei es el primer político editable en ese tipo de formato. Milei es a la vez un traductor de impulsos oscuros inhibidos por la policía de lo políticamente correcto, sin descuidar por ello los modos de la representación política y los requisitos del discurso de la ciencia (racionalidad económica). Es decir, el más antipolítico de los candidatos es el garante más enérgico del sistema de la propiedad”.

Cerrando el libro, existe una serie de conversaciones que le dan solidez a lo expresado a lo larga de sus páginas. Desfilan por las últimas páginas Jon-Beasley Murray, Achille Mbembe, Franco Berardi y Jorge Alemán.

Entrevistado por Savater, Bifo Berardi dice: “La atrofia de la sensibilidad implica una atrofia de la empatía, que es la capacidad de sentir – con, de sentir al otro como prolongación de mi existencia y de mi cuerpo. La base sensible de la solidaridad”‘Capitalismo libidinal’ es un libro clave para empezar el cambio de nosotros, de nuestra sociedad.

Dejo para el final una reflexión que me parece clave: el conocido negacionismo de la ola reaccionaria, con respecto a la emergencia climática, la desigualdad social o la violencia contra las mujeres, es la decidida voluntad de no ver ninguno de estos síntomas, de no escuchar o pensar nada al respecto, de no emprender a partir de ellos ningún cambio, de seguir adelante como si nada y caiga quien caiga.

Esta nota pretende ser un llamado a la lectura de este libro y es solo una aproximación a su contenido; en sus 221 páginas Amador Fernández-Savater, piensa y nos ayuda, nos interpela a que sumemos nuevos elementos de consulta que ayuden a pensar que es posible transformar este loco momento que atravesamos.