El problema del valor cualitativo en ‘Teoría del desarrollo capitalista’ de Paul Sweezy

Paul Sweezy (1910-2004) economista estadounidense y teórico del marxismo.

POR ALBERTO MALDONADO COPELLO /

Paul Sweezy publicó en 1942 su libro ‘Teoría del desarrollo capitalista’ [1] que tiene como propósito, según su autor, exponer un “estudio analítico medianamente amplio de la Economía Política marxista” (p. 9). El libro expone en sus dos primeras partes (primeros siete capítulos) El capital, constituyendo una muy buena síntesis e interpretación de su contenido. En la tercera parte estudia las crisis y las depresiones y en la cuarta parte el imperialismo, abordando temas como el Estado, el desarrollo del capital monopolista, el imperialismo y el fascismo. En las partes tercera y cuarta va más allá del capital y estudia debates posteriores. Para quienes no quieren o no tienen el tiempo para un estudio a fondo de El capital el texto de Sweezy es una introducción e interpretación muy valiosa. Es muy probable que muchos lectores interesados en Marx y el Capital en Colombia, en la década de los sesenta y setenta hayan utilizado este texto como elemento básico de sus estudios de marxismo.

En el prefacio del libro, como hemos citado, Sweezy considera que Marx elaboró una “economía política marxista”, asunto que es materia de controversia, dado que Marx hizo énfasis en que su proyecto teórico era una crítica de la economía política. El propósito de Sweezy era ofrecer un estudio amplio de dicha economía política marxista con el fin de contribuir a una mejor comprensión de dicho cuerpo de pensamiento, destacando que “entre las interpretaciones de las teorías marxistas ha habido grandes discrepancias” (p. 9). Además de la exposición de El capital el autor aborda temas en los cuales ha habido grandes debates entre autores marxistas como son la teoría de las crisis, el capital monopolista y el fascismo.

Autores como Heinrich consideran que Marx no fue un economista político más y que no resulta apropiado, por tanto, catalogar su teoría como una “economía política marxista”. Marx, reconociendo sus aportes, fue un crítico radical de la economía política y en particular de las teorías de Smith y de Ricardo. De hecho, el subtítulo de El capital es precisamente “crítica de la economía política” lo cual debería llamar la atención del lector sobre sus diferencias con la economía política. En su obra La ciencia del valor Heinrich dedica un capítulo a mostrar la ruptura de Marx con el campo teórico de los economistas clásicos.

Heinrich, Ramas y Ruiz Sanjuán valoran el trabajo de Sweezy pero lo ubican dentro de una “economía política marxista” que consideran tiene varias limitaciones conceptuales.

Según Heinrich la concepción que prevalece en los clásicos y en los neoclásicos sobre el dinero es que es un velo que cubre la esfera real y del cual es posible abstraerse; se considera que el dinero es una forma de mediación que permanece externa a aquello que media y que por tanto puede ser excluido. Pero también muchos marxistas conciben el nexo entre el valor y el dinero como si el precio se limitara a expresar a posteriori una magnitud de valor ya existente. De este modo, se pierde de vista el hecho de que el cambio de mercancías se diferencia del trueque precisamente por la relación de la mercancía individual con el mundo de las mercancías en su totalidad, y que esta relación es posible solo mediante el dinero. Visto el dinero como medida meramente posterior se convierte en algo no esencial, se reduce a un medio que oculta la magnitud real. Autores como Sweezy, Meek y Dobb tienen esta concepción y recaen en una teoría premonetaria del valor.

Clara Ramas señala que Heinrich dice que hay una economía política marxista construida alrededor de una teoría del valor trabajo fuertemente simplificada y una teoría de la explotación similar a la de los ricardianos de izquierda en los 1830. Incluso en textos elaborados como los de Sweezy, Meek y Mandel, no se presta atención, o muy poca, a asuntos como el análisis de la forma del valor, el fetichismo de la mercancía, la fórmula trinitaria, etc., que muestran la diferencia específica de la teoría del valor de Marx, como una crítica de la economía política.

César Ruiz Sanjuan afirma que dentro de la teoría del valor la exposición de la forma del valor, que se presenta en el tercer apartado del capítulo primero del tomo I de El capital, es la parte más compleja y que más requiere de interpretación. Pero es precisamente la parte que es descuidada en gran número de estudios que no se ocupan de ella o simplemente hacen una breve mención, saltando al apartado del fetichismo de la mercancía. Un ejemplo de esta posición es Sweezy. Se considera desde esta perspectiva que en los dos primeros apartados ya están establecidos todos los aspectos relevantes sobre la determinación del valor y que en el tercero no se aporta nada sustancial.

En estos aspectos la interpretación de Sweezy tiene similitudes con los manuales soviéticos. Igualmente su posición en algunos puntos es retomada por Fred Moseley. Sin embargo, hay diferencias. Sweezy no conoció el libro de Rubin y se basó en un libro de Franz Petry que Rubin menciona en su bibliografía. Me parece un ejercicio interesante aproximarse a El capital con la interpretación de Sweezy de 1942 que fue estudiada en la década del sesenta y setenta por muchas personas interesadas en el marxismo (hace 50 años) y luego comparar con la interpretación de Heinrich y sus discípulos.

Sweezy divide su exposición sobre el valor en su libro Teoría del desarrollo capitalista en dos capítulos. El número II “el problema del valor cualitativo” y el número III “el problema del valor cuantitativo” que están incluidos en la primera parte titulada “Valor y plusvalía”. En este texto examino la parte relativa al valor cualitativo.

El problema del valor cualitativo

Este capítulo se divide en siete puntos: 1) Introducción; 2) el valor de uso; 3) valor de cambio; 4) trabajo y valor; 5) trabajo abstracto; 6) la relación de los cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor; 7) el carácter fetichista de las mercancías. En total son 19 páginas.

Introducción

Sweezy señala que Marx comienza El capital con un capítulo sobre “las mercancías” y plantea que el análisis de las mercancías es el estudio de la relación económica del cambio. A continuación afirma que Marx inicia con el estudio de la “producción simple de mercancías”:

“Marx empieza por analizar la “producción simple de mercancías”, que es como decir una sociedad [2] en la que cada productor posee sus propios medios de producción y satisface sus múltiples necesidades por el cambio con otros productores que se encuentran en situación similar. Tenemos aquí el problema del cambio en la más clara y elemental de sus formas.” (p. 33).

Interesante que Sweezy comienza planteando que Marx parte de la sociedad mercantil en su forma más elemental, algo que plantea también Rubin: Marx no parte del cambio aislado sino de una forma de sociedad en la cual es cambio es un elemento fundamental. Por ahora no dice mucho más sobre esta sociedad elemental pero parecería que, obviamente, se refiere a una sociedad no capitalista, en la cual cada productor posee sus propios medios de producción. Sin embargo, podría pensarse también que el productor capitalista posee sus propios medios de producción.

La producción simple de mercancías

Considera que el análisis de Marx es diferente del análisis de la escuela clásica. Smith, según Sweezy, vincula el cambio a la división del trabajo que es “el hecho tecnológico [3] central de la vida económica” (p. 33). Para Smith la división del trabajo es la fuente de los aumentos en la productividad pero no la concibe independientemente del cambio; para él el cambio es anterior a la división del trabajo y de fuente de dicha división. La considera como una consecuencia de “cierta propensión de la naturaleza humana que no tiene por mira un beneficio tan grande; la propensión a traficar, a trocar y cambiar una cosa por otra.” (p. 33). Esta propensión por cambiar es peculiar de los seres humanos, es decir, hace parte de la naturaleza humana. Esto tiene consecuencias en la comprensión del capitalismo por cuanto implica que la producción de mercancías es la forma universal e inevitable de la vida económica. El objeto de la ciencia económica es por tanto el estudio de la producción de mercancías. Precisa Sweezy que desde este punto de vista los problemas de la economía política tienen un carácter exclusivamente cuantitativo.

Marx tiene una explicación distinta. La división del trabajo es un rasgo fundamental de la producción material pero no está necesariamente ligada al cambio. Puede existir y de hecho ha existido una división del trabajo sin cambio, es decir “la producción de mercancías no es la forma universal e inevitable de la vida económica.” (p. 34). Es una forma posible pero no eterna sino históricamente condicionada que, por tanto, no es una manifestación de la naturaleza humana. Este enfoque de Marx tiene consecuencias para el estudio del capitalismo. El economista no puede enfocarse exclusivamente en las relaciones cuantitativas sino que debe “dirigir su atención al carácter de las relaciones sociales subyacentes en la forma mercancía.” (p. 35).

Sweezy resume esto diciendo que la economía política no solo se ocupa de asuntos cuantitativos sino también cualitativos. Detrás de la relación cuantitativa entre productos se encuentra oculta una relación social entre productores, algo que Marx fue el primero en advertir. Cita a Petry [4] para señalar que de acuerdo con lo anterior hay un problema del valor cuantitativo y otro problema del valor cualitativo, a partir de lo cual Sweezy mismo organiza su exposición. Advierte que Marx abordó las dos dimensiones, lo cual en su opinión ha dificultado la comprensión de su teoría a los economistas educados en la tradición principal del pensamiento económico.

Valor de uso

Menciona Sweezy que según Marx las mercancías tienen un doble aspecto: valor de uso y valor de cambio. En toda sociedad hay valores de uso y dado que la “economía política es una ciencia social de las relaciones entre las gentes” (p. 36) entonces el valor de uso no es objeto de esta ciencia. Parecería que Sweezy considera que Marx es un economista político. Plantea que Marx establece que las categorías de la economía política deben ser categorías sociales, afirmación que se parece a lo planteado por Rubin. Esta posición de Marx la contrasta con el enfoque de la “teoría económica moderna” para lo cual se remite a Robbins cuando afirma que la economía trata de las relaciones entre hombres y bienes económicos. Sin embargo, el valor de uso no está excluido por completo en el análisis de Marx. Menciona en nota a pie de página que la mejor crítica de la teoría subjetiva del valor es la realizada por Hilferding en su texto de respuesta a la crítica de Bohm-Bawerk a Marx.

Valor de cambio

El valor de cambio es la característica particular de las mercancías, es decir, de los productos del trabajo en la sociedad capitalista. Solo en calidad de mercancías los productos tienen valor de cambio. Advierte Sweezy que a primera vista el valor de cambio aparece como una relación cuantitativa entre cosas y por tanto no es claro que se trate de una relación social. Este es un punto importante: “la respuesta de Marx a esta cuestión es la clave de su teoría del valor.” (p. 37). La relación cuantitativa es solo la “forma exterior de la relación social entre los propietarios de mercancías”. La relación de cambio es una expresión de que los productores individuales y aislados realmente trabajan los unos para los otros. Su trabajo tiene un carácter social que es impreso por el cambio. El valor de cambio expresa que las mercancías son producto del trabajo humano en una sociedad de productores privados e independientes.

Sweezy destaca que en sentido estricto no debe hablarse de mercancía, sino de mercancías, dado que el valor de cambio expresa necesariamente una relación entre mercancías. Pero a continuación plantea la propiedad del valor individualmente: “Una mercancía individual, sin embargo, posee la calidad social que se manifiesta cuantitativamente en el valor de cambio”. (p. 38). Este es uno de los puntos de debate por parte de Heinrich: la propiedad del valor existe solamente en el cambio. Sweezy pasa del valor de cambio al valor: “en la medida en que concentramos nuestra atención en esta calidad social, una mercancía es para Marx un simple `valor´” (p. 37). Y recuerda la afirmación de Marx en el sentido de que la distinción rigurosa es entre valor de uso y valor. Como valor una mercancía es un rasgo específico de una sociedad históricamente determinada. Esta sociedad se caracteriza por una división del trabajo desarrollada y por la producción privada.

Sweezy plantea que la identificación del trabajo como sustancia social (en esta frase no dice trabajo abstracto sino trabajo en general) no es resultado de “una arbitraria idea preconcebida o de un principio ético” (p. 38) sino del análisis de las características sociales de la producción de mercancías. Sweezy no cita en su bibliografía a Rubin, quien aborda también este punto diciendo que no se trata de una simple deducción lógica.

Trabajo y valor

La exposición de Sweezy indica que Marx encontró, como los clásicos, lo oculto detrás del valor de cambio, pero la manera en la que lo expresa es confusa: “El requisito de que todas las categorías económicas deben representar relaciones sociales condujo a Marx directamente al trabajo considerado como el `valor que yace oculto detrás´ del valor de cambio.” (p. 38). Aquí se diferencia de la posición de Rubin. Esto del trabajo como el valor que yace oculto no es preciso. Cita nuevamente a Petry cuando plantea que solo la propiedad de ser trabajo humano permite suponer que la mercancía es portadora de relaciones sociales. En este punto Sweezy se pregunta por el concepto de trabajo.

Menciona que igual que la mercancía el trabajo tiene dos aspectos. Por un lado está el trabajo útil o concreto, productor de valores de uso. Si abstraemos del valor de uso de una mercancía esta existe meramente como valor. Algo similar ocurre con el trabajo: si abstraemos el carácter útil del trabajo solo queda el gasto de fuerza humana de trabajo. Y añade: “La sastrería y el tejido, aunque cualitativamente actividades productivas diversas, son una y otra gasto productivo de cerebro, nervios y músculos humanos, y en este sentido son trabajo humano.” (p. 39). Por tanto, el valor de una mercancía representa trabajo humano abstracto. Aquí Sweezy adopta una interpretación del trabajo abstracto como trabajo fisiológico; se trata de una abstracción mental y no de la abstracción real en el cambio. Y señala además que cuando Marx habla del trabajo como sustancia del valor está hablando del trabajo considerado como trabajo abstracto.

Para confirmar que Sweezy está pensando en el trabajo abstracto en sentido fisiológico basta con ver que termina esta parte citando a Marx para resumir la relación cualitativa del valor con el trabajo: “Por una parte todo trabajo es, hablando fisiológicamente un gasto de fuerza humana de trabajo, y en su carácter de trabajo humano idéntico, crea y forma los valores de las mercancías. Por otra parte, todo trabajo es el gasto de fuerza humana de trabajo en una forma especial y con un fin preciso, y en éste, su carácter de trabajo útil concreto, produce valores de uso.” (pp. 39-40).

Trabajo abstracto

Sweezy señala que el concepto de trabajo abstracto no es fácil de entender razón por la cual le dedica un apartado específico a su examen, considerando que es un concepto fundamental en la teoría de Marx. Insiste en que el trabajo abstracto se refiere a la abstracción de las características concretas de los trabajos para concentrarse solo en el trabajo en general, común a toda actividad humana productiva. Parecería que se trata de una abstracción mental; por ejemplo, menciona la referencia de Marx a Franklin quien “estimando el valor de toda cosa en trabajo, hace abstracción de cualquier diferencia en las clases de trabajo cambiado, y en esta forma las reduce a trabajo humano igual.” (p. 40). Franklin hace abstracción, reduce las distintas clases de trabajo…a trabajo sin calificación ulterior. Igualmente destaca que fue un progreso de Smith el referirse el trabajo en general como fuente de la riqueza, punto de vista que también fue adoptado por Ricardo; Sweezy asume como sinónimos trabajo en general y trabajo abstracto. Desde esta perspectiva parecería entonces que la idea del trabajo abstracto ya existía antes de Marx [5], lo cual no concuerda con las propias afirmaciones que éste último hace en El capital. Sweezy considera que Marx “partió de una idea básica de la escuela clásica, le dio expresión exacta y explícita, la desarrolló…” (p. 41).

El carácter de la abstracción del trabajo humano

Sweezy considera que la comparación en el valor de cambio de las mercancías se hace mediante unidades de trabajo; afirma explícitamente que la reducción de todo trabajo a un común denominador permite que las unidades de trabajo puedan ser comparadas entre sí. A continuación plantea que no se trata de una abstracción arbitraria dictada por “un capricho del investigador” (p. 41). Es una abstracción que pertenece a “la esencia del capitalismo” según Lukacs. Se enfoca, entonces, en el análisis de esta abstracción esencial, abordando los siguientes puntos:

  • En la sociedad capitalista hay una movilidad enorme del trabajo; los trabajadores pueden cambiar más fácilmente de trabajo y se trasladan masas de trabajadores de una actividad a otra.
  • Una dimensión básica para el análisis es la noción de una fuerza de trabajo social de la cual cada fuerza de trabajo individual hace parte; aquí se hace abstracción de las clases particulares de trabajo.
  • Cita a Marx en la introducción metodológica a los Grundrisse en la parte en que afirma que en las sociedades capitalista más avanzadas el trabajo se ha convertido realmente, no solo como categoría, en un medio de crear riqueza general: “es solo aquí donde la abstracción de la categoría `trabajo´, `trabajo en general´, trabajo sans phrase, el punto de partida de la economía política moderna, se realiza en la práctica.” (p. 42). Según esto parecería, como ya hemos dicho, que el trabajo abstracto humano era una categoría fundamental de la economía política. Pero luego Marx dirá en El capital que la economía política no descubrió este tipo de trabajo ni su concepto.
  • Resume Sweezy el punto diciendo que “la reducción de todo trabajo a trabajo abstracto permite ver claramente, detrás de las formas especiales que el trabajo puede adoptar en un momento dado cualquiera, una suma de fuerza de trabajo social que es susceptible de transferencia de un uso a otro de acuerdo con la necesidad social…” (p. 42).

La relación de lo cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor

Retoma el tema de que el trabajo abstracto es la sustancia del valor. Señala que la investigación revela que las mercancías tienen en común por ser valores el hecho “de absorber una parte del total de la fuerza de trabajo disponible de la sociedad”. Todas las mercancías por esto son trabajo abstracto materializado. Sweezy considera que esto explica que la mercancía sea “el punto de partida y la categoría central de la economía política de los tiempos modernos” (p. 43). ¿A qué se aquí refiere con economía política de los tiempos modernos? La expresión de que todas las mercancías son trabajo abstracto materializado podría llevar a pensar que cada mercancía tiene la propiedad del valor en forma individual y aislada.

Señala que la teoría del valor cuantitativo tiene unas tareas principales. Parecería en principio que a la teoría del valor solo le corresponde descubrir las leyes que rigen las proporciones relativas de cambio de las mercancías; esta es la forma en que la economía ortodoxa aborda el asunto, solamente desde la perspectiva del valor de cambio. Pero hay que recordar que para Marx el valor de cambio es solo la expresión fenoménica bajo la cual se oculta el valor [6]. Surge entonces la pregunta sobre si existe otro problema cuantitativo. Aquí entonces reitera su postura frente al trabajo abstracto materializado como parte del trabajo social total: una mercancía es valor porque ha absorbido parte de la actividad productora de riqueza de la sociedad.

Menciona que el trabajo abstracto se puede medir en horas: “Si reflexionamos ahora en que el trabajo abstracto es susceptible de medida en términos de unidades de tiempo, la significación del valor como categoría cuantitativa diferente del valor de cambio se hace visible.” (pp. 43-44). Cita a Marx para destacar que la magnitud del valor expresa la conexión que existe entre cierto producto y la parte del tiempo total de trabajo de la sociedad que se requiere para producirlo.

Teoría del valor y ley del valor

Señala que la tarea fundamental de la teoría del valor es la “investigación de las leyes que gobiernan la asignación de la fuerza de trabajo a las diferentes esferas de la producción en una sociedad de productores de mercancías» [7] (p. 44). Plantea que estos temas los abordará en el capítulo siguiente. Anticipa que allí examinará los conceptos de trabajo socialmente necesario y trabajo simple sobre los cuales se han enfocado los críticos de Marx, conceptos que pertenecen a la dimensión cuantitativa. Plantea que los críticos hacen juicios extensos sobre el trabajo socialmente necesario y prácticamente no dicen nada sobre el trabajo abstracto lo cual, en su opinión, se debe a que están enfocados en el problema de las proporciones relativas del cambio.

El carácter fetichista de las mercancías

Señala Sweezy que el análisis realizado ha permitido buscar bajo las formas de la organización social para descubrir la sustancia de las relaciones sociales. Las formas son muy importantes, la realidad se percibe en términos de formas (p. 44). Se refiere por tanto a sustancia y forma. Dado que existe una brecha entre sustancia y forma el entendimiento puede conducir a errores y fantasías, que se aceptan como sentido común evidente e incluso sirven de sustento a explicaciones supuestamente científicas. Considera que con respecto a las mercancías y a la producción de mercancías existe una falsa conciencia. Las ideas que se generan en esta forma de organización social tienen una relación remota con las relaciones reales subyacentes.

El asunto es de ideología: “En su doctrina del Fetichismo de la Mercancía, Marx fue el primero en percibir este hecho y darse cuenta de su decisiva importancia para la ideología de la época moderna.” (p. 45). Afirma que en la producción de mercancías la relación básica entre los hombres “adopta a sus ojos, la fantástica forma de una relación entre las cosas” (p. 45). A continuación Sweezy cita extensamente a Marx quien precisa varios puntos:

  • Los productos del trabajo humano aparecen como independientes, dotados de vida propia y en relaciones unos con otros. Marx llama a esto fetichismo.
  • El fetichismo es inseparable de la producción de mercancías.
  • Este carácter fetichista del mundo de las mercancías se origina en el carácter social peculiar del trabajo que produce mercancías.
  • Los valores de uso se convierten en mercancías solo porque son productos de individuos privados que realizan su trabajo independientemente.
  • La suma total del trabajo de estos individuos privados forma el trabajo conjunto de la sociedad.
  • Los productores no se ponen en contacto directamente y por tanto el carácter social específico del trabajo solo aparece en el cambio; es decir, el trabajo del individuo se afirma como parte del trabajo de la sociedad solo a través de las relaciones que el acto del cambio establece directamente entre los productos e indirectamente, a través de ellos, entre los productores.
  • Las relaciones sociales entre el trabajo de individuos privados aparecen como lo que son: no como relaciones directas, sino como relaciones materiales de personas y relaciones sociales de cosas (pp. 45-46).

En períodos anteriores de la historia las relaciones de producción tenían un carácter social directo y por tanto no existía el fetichismo de la mercancía; en el capitalismo se generalizan las relaciones mediante el cambio de cosas. Además el propio movimiento social toma la forma de un movimiento de cosas que rigen a los productores: el proceso de producción domina a los seres humanos y el carácter real de las relaciones es deformado y oscurecido. Los productores en el marco de este tipo de sociedad ven a estas situaciones como naturales. El orden social se convierte en una segunda naturaleza humana según plantea Lukacs.

Consecuencias de la estructura mercantil y el fetichismo para el pensamiento

Menciona la creencia en “el carácter impersonal y automático del orden económico” (p. 47) que se encuentra la ley natural de los fisiócratas y en la mano invisible de Smith así como en la doctrina del dejar hacer en política económica. Sweezy caracteriza esto como un “prejuicio contra la acción social consciente en los asuntos económicos.” (p. 47). Señala que las raíces de este prejuicio se aclaran con la teoría del fetichismo de la mercancía.

Afirma Sweezy que la materialización de las relaciones sociales ha tenido influencia en algunas concepciones de la economía tradicional. Por un lado se considera que las categorías de la economía capitalista como el valor, la ganancia, el interés y la renta son las categorías inevitables de la economía en general. Por el otro, la atribución de poder independiente a las cosas se hace evidente en la división tradicional en los factores de producción tierra, trabajo y capital, cada uno de los cuales genera un ingreso específico a sus poseedores.  Cita a Marx en este punto cuando se refiere a la fórmula trinitaria y afirma que se trata de “la mistificación completa del modo de producción capitalista, la transformación de las condiciones sociales en cosas, la mezcla indiferenciada de las condiciones materiales de la producción con sus formas históricas y sociales.” (p. 48).

Plantea que los sucesores de Ricardo retrocedieron al mundo de la ilusión [8] alarmados por las consecuencias de los análisis de su maestro y que lo poco que tenían de contacto con las relaciones sociales fue anulado por la aparición de la teoría subjetiva del valor en la tercera parte del siglo XIX.

El ocultamiento del carácter de clase de la sociedad capitalista

Sweezy señala que la forma de producción de mercancías es un velo eficaz para ocultar el carácter de clase puesto que las personas aparecen como simples propietarios de mercancías para vender, lo cual aplica por igual tanto a capitalistas, a terratenientes y a trabajadores. En su calidad de propietarios de mercancías se encuentran en un plano de igualdad y se relacionan mediante contratos entre seres humanos libres e iguales. En este contexto la relación de explotación entre el capitalista y el obrero se oculta. Es un mundo de la apariencia, afirma Sweezy. Quienes consideran las formas capitalistas como naturales y eternas admiten esta apariencia como la verdadera forma de representación de las relaciones sociales. Esta apariencia es el fundamento de la estructura política y jurídica.

La contradicción entre planeación interna y anarquía externa

Sweezy destaca que en la sociedad capitalista hay una contradicción entre “una intensa racionalización de sus procesos parciales y, por otra, una creciente irracionalidad del funcionamiento del sistema como un todo.” (p. 51). Dentro de la producción de mercancías hay una cierta racionalidad que permite que los individuos alcancen determinados fines en la manera más favorable pero dentro de un contexto social no organizado ni planificado.

Al final de este capítulo afirma Sweezy que “la teoría del valor cualitativo con su corolario en la doctrina del Fetichismo de la Mercancía es el primer paso esencial en el análisis marxista del capitalismo. Quien no haya entendido esto ha entendido poco del método crítico de Marx.” (p. 51).

La revisión de este capítulo de Sweezy muestra que aunque se trata de una exposición bastante completa y lúcida de esta dimensión de la teoría del valor se encuentran algunos vacíos o lecturas inadecuadas. Es destacable que Sweezy muestra la relevancia del trabajo abstracto como parte del trabajo social y destaca la dimensión de la distribución del trabajo social global mediante la ley del valor; igualmente considera que es importante dentro del sistema de Marx lo relativo al fetichismo de la mercancía. De otra parte, Sweezy muestra la contradicción entre la creciente racionalidad interna en la producción inmediata y la anarquía en la producción social y su manifestación política e ideológica en las críticas de los defensores del capitalismo a la planificación social y al socialismo. Adicionalmente, en este capítulo destaca los planteamientos de Marx en el capítulo cuarto del tomo I sobre los efectos ideológicos de concentrar el análisis en el plano del comercio de mercancías para explicar las relaciones capitalistas que aparentemente se fundamentan en la libertad e igualdad entre los productores de mercancías. Señala que los sucesores de Ricardo retrocedieron al mundo de la ilusión. Finalmente, muestra el vínculo de la teoría del fetichismo con la exposición de las categorías centrales del capitalismo en la denominada por Marx fórmula trinitaria expuesta al final del tomo III. Según esta fórmula las relaciones capitalistas se presentan en forma invertida exponiendo como factores de producción al trabajo, la tierra y el capital, elementos de diferentes naturaleza, y como fuentes del valor al salario, la renta y la ganancia (el interés) que se determinan en forma aislada.

Sin embargo: a) Omite por completo la sección tercera sobre la forma del valor de cambio o la forma del valor y por tanto el análisis del dinero; b) Considera al trabajo abstracto como trabajo fisiológico en la medida que esta categoría consiste en la reducción de los trabajos concretos a sus elementos comunes; c) Interpreta la teoría del fetichismo principalmente como una falsa conciencia. Finalmente, Sweezy considera a Marx como un economista político que profundizó y mejoró los análisis de los clásicos pero que en el fondo fue un continuador de sus doctrinas.

Notas 

[1] Sweezy, Paul M., Teoría del desarrollo capitalista, novena reimpresión en español, 1976, Fondo de Cultura Económica (Primera edición en inglés 1942, Oxford University Press).

[2] No es muy claro cómo interpreta Sweezy esto, es necesario revisar su introducción sobre el método. Parecería que considera entonces que Marx no está examinando la sociedad capitalista sino otro tipo de sociedad.

[3] Aquí aborda el asunto como un hecho tecnológico y no desde la perspectiva de la forma social de la organización de la producción.

[4] Petry, Franz, Der soziale Gehalt der Marxschen Werttheorie, G. Fischer, Hena, 1926.

[5]  “Marx no pensó ser el primero en introducir la idea del trabajo en general en la economía política.” (p. 40).

[6] Entonces según esto el valor sería la esencia.

[7]  Es también un enfoque cuantitativo, muy interesante, pero quizá insuficiente.

[8] ¿Ricardo no fue presa de esta ilusión?